I
Etienna es joven iniciada en la universidad, reservada y preservada al estilo social y familiar dominicanos. Hace dos meses también se inició de novia con Marcos Mateo, joven con vivencias de criollo dominicano. El sirvió hasta media carrera de ingeniería eléctrica en la universidad. Su madre no advirtió la llegada de Etienna quien regresó de la universidad un tanto adelantado a su rutina porque la visitaría Marcos. Pasó hasta la cocina. Los halló en profunda faena erótica contra la meseta de la cocina. Etienna se llevó la mano a la boca al expresar:: "Mami, estás loca ! " . El muchacho se recompuso y salió.Fraila es madre de solo hijas, Son cinco, sus edades se espacian entre los doce y 20 años. Frendo, padre de todas, lleva en la cárcel varios años tras un complejo proceso criminal envuelto en tratos ilegales. Amigos y parientes de Frendo y de ella, suelen visitarlos, solidariamente cuidan de que la perturbaciones del caso no atosiguen sus apuros domésticos. Las muchachas comparten con amigas y amigos de modo regular. Fraila luce bastante arreglada. humilde y prudente. Sus gracias femeninas florecen destacadamente a su edad de 36 años, Atrae con magnetismo y apertura. Don Crescencio, su esposa y sus hijos, hombres y mujeres, han sido sumamente solidarios y atentos ante el desdichado acontecimiento que afecta a su amigo Frendo. Ellos son siempre bien recibidos porque además cortejan
Dercio procreó y compartió la crianza de sus hijos tras varios divorcios y separaciones que nunca lo alejaron del todo de los hogares de las madres. Fue agricultor y ganadero capaz de propiciar oportunidad y estabilidad económica suficiente a cada uno de sus dieciocho hijos y sus siete madres, distribuidos en los entornos geográficos y sociales comprendidos de San Juan a Barahona. Entre sus hijos se cuentan profesionales universitarios formados hasta en el Japón, pasando casos que incluyen Rusia, Alemania, España, Brasil, Norteamérica y distintas universidades dominicanas. Los tonos de piel propios del mestizaje dominicano, luce entre sus hijos, desde tan claro cual si fueran de ascendencia libanesa típica, hasta el muletaje oscuro característico de nuestra frontera zona sur-occidental. Una de las hijas, médico especializada en biología genética, ha estado envuelta en una profunda investigación que busca caracterizar la composición de la herencia indigenista en la zona. Como ocurrencia provocada por el hallazgo de algunas sorpresas de inconformidad genética no correspondiente con resultados esperados en muchos casos, decidió estudiar la correspondencia esperada entre todos sus hermanos y su padre común. De los dieciocho, seis, incluida ella, no correspondieron a la paternidad de Dercio.
VIII
Antera y su esposo Compadrón asumieron como manda Dios la crianza de doce hijos de los dieciocho que llegaron a concebir. Compadrón fue labriego agricultor muy ocupado, carnicero, criador de chivos y cerdos, curador de cueros, hachero beneficiador de tablas de palmas y escalador de cocoteros. Desde que nació su hijo Catulo que fue muy parecido a él mismo, accedió a sacar su familia para lo claro, adquirió solar y levantó una vivienda aceptable. Sus hijos fueron a la escuela. Antera lucía bastante rural pero su figura natural era bien parecida bajo dormida y relucida cabellera como escrines de potra virgen, quebradas y contorneadas caderas como siempre adolescentes, piel de aceitunas claras y el rostro de la candidez infantil. Antero lucía ordinario y tosco como tal leñador, bajaba al pueblo los viernes temprano y se volvía a la loma desde el lunes. Finalmente dos de las niñas, las cuales eran muy asiduas a la iglesia y bien aconsejadas por el cura, fueron enviadas a la ciudad para ser educadas en colegio de monjas, Uno de los varones, diligente y apreciado por el señor Juez quien siempre lo trató como a un hijo, pasó a laborar desde muy temprano en la oficina del Juzgado de Paz. Dos de los varones fueron escogidos por el Jefe de puesto para ser enganchados a la guardia. Una hembra y un varón, se fueron acomodando poco a poco en la casa de Ariana, maestra solterona, hermana del Guardabosque, quien decidió hacer de estos niños sus plenos herederos. El jefe de sanidad, hizo de dos más de las muchachas, sus mejores enfermeras, las respetó religiosamente, a estas entregaba sin reparos y a toda confianza, hasta las llaves de los armarios de su propia casa, a pesar de su proverbial fama de aprovechado y fresco. Hizo ruido la oposición de Antera a que una de sus hijas aceptara como novio al hijo del Sindico bajo el alegato de una incompatibilidad de la que le hablaba el practicante médico, y oficial municipal de salud. Se impidieron los amores, pero los rumores florecieron sobre razones distintas para el impedimento protagonizado por Antera, puesto que la esposa del síndico hubo de sentirse defraudada, muy esquiva y molesta. Al final de los decires provocados, sólo Catulo se quedó a beneficiar las propiedades de su padre cuando este falleció.
Itelba y Ucranio son padres de dos hijas adolescentes. Ucranio es camarero en Bávaro, descansa un día libre cada cuatro días. Itelba quedó embarazada de su vecino, Mackenzy, estudiante universitario y taxista. Ante la inesperada situación, la consecuencia y solidarida conyugal de Ucranio lo conmina a trasladar sus tareas en la cadena hotelera y regresa a laborar a Santo Domingo. Mackenzy queda conturbado y resentido. Conquista a Merky, la hija adolescente del Matrimonio y esta queda embarazada, se hacen los arreglos provisionales y todos pasan a residir en la misma vivienda. La hija menor denunció a Mackenzy ante su padre al descubrirlo saliendo de la habitación de su madre.
X
Tarsino y Dorla se familiaron incluyendo a Kanto, hijo de Tarsino y a Nolesa, hija de Dorla, ambos de siete años de edad. No engendraron hijos comunes. Tarsino labora como conductor. Dorla suma cuanto puede al bien del hogar, beneficia ropa de pacas y fantasías. A los dos años de emparejarse, Tarcino y Dorla convinieron adoptar a Mirsa, de dos años, vecina recién orfanada de madre, sin padre conocido y abuelos malsaludables y materialmente peor vividos, al seguir el dramático ruego hecho por Dinia, la madre, al saber que fallecía. Los tres niños recibieron la mejor educación escolar imaginada en su entorno doméstico de floreciente sector obrero. De su embarazo nació Gini, sin propósito a la vista ni padre identificado, pero a Gini le sobró siempre el más denodado cariño expresado en ella por Kanto. Fue respaldada para que continuara su recién iniciados estudios universitarios. Cuando ya Mirsa finalizaba su carrera de administración financiera, embarazada abandonó la vivienda junto a Kanto.
XI
Alfido, de once años. sobrino de Corso, junto a Irna y Raudo, de diez y once años respectivamente y sus otros cuatro hermanos menores, hijos de Armernia y Corso, residen armónicamente. Alfido y Raudo juegan en forma atrevida con Irna quien ha resultado embarazada. Alfido fue entregado a su madre, hermana de Corso.
Hijos de Aladino y Lituania, Alino, Alen y Alano, cuentan edades de 13, 14 y 16 años. Los tres comparten juegos con la prima de trece quien vino a compartir con ellos sus vacaciones. Quedó embarazada. Ella ni nadie más podía decidir la paternidad del niño nacido hasta que Lituania verificó en el mismo que aparecía en sus testículos una discreta pero particular mancha muy particular que coincidía con la misma que había traído Alino. Ella estuvo segura porque había visto la igual en el auténtico padre de Alino.
XIII
Ernesta de 25, pasó a emparejarse con Epicuro con edad de 42 junto a quien residía su hijo Filpo de 22, Ernesta quedó embarazada sin estar segura quien sería el padre de su criatura. En medio de su susto, buscando alejarse al máximo de Filpo, trajo a su hermana Franidis de 20, bajo el pretexto de que le ayudaría con su embarazo, paritorio y el niño, cuando se reintegrara al trabajo. Filpo y Franidis empezaron a entenderse. Luego del parto, Ernesta se volvió melancólica y ansiosa por regresar a las ternuras de Filpo. Ayudó a Franidis para que se mudara sola y le diligenció trabajo en la misma Zona Franca en la que tabajaba. Epicuro se mudó con Franidis y Filpo se quedó a criar su hijo.
XIV
XV
Manón, setentón quien arrastraba una larga familia, ha casi comprado el acompañamiento de Cira, de treintaiseis, quien sobrevivía duramente mercadeándose y a punto de tasar a sus tres hijas mayores, vivía junto a una infante que había concebido junto a un guardacampestre que no volvió después de unos meses de haberla traído, ya listas, entre los trece y dieciseis, como mercancía fresca, luego de llegar de tan deprimida zona del Cibao Adentro. Abundaron las miradas ansiosas sobre la miseria reluciente en niñas vírgenes a punto de madurar en un hogar ajustado a una economía extremadamente depauperada. Manón, heredero de importantes predios bien beneficiados por una obrería de origen haitiano mucho peor signada, les garantizaba tranquilidad alimentaria y definidas consideraciones a la vista. Desde hacía meses, ya los mozos urbanos que conocían de la presencia de las doncellas en el paraje rural, hacían rondas tratando de mostrar sus presencias. Manón no se oponía del todo, sin embargo, supo marrullar al mismo tiempo de picarlas a las tres como daño de mariposas. Cira facilitaba su ceguera intencionada mientras diligenciaba compromisos domésticos que le urgían llegar a los mismos arroyos a los que bajaban a refrescarse más de uno de los vecinos. Las muchachas pronto se alzaron, una con un gurdia, otra con el maestro, la tercera con un bien trabajado agricultor y criador. Pura es verdad es que acusaron respetables comportamientos que las llevaron a ser consideradas madres de familias. Cira volvió por dos de las demás hijas dejadas pequeñas cuando abandonó su lar nativo. Manón las peligró ambas, Las cinco cuentan con hijos a los que Manón siempre distinguió con preferencias y amor de hijos propios.
XVI
Cantera crió sus doce hijos junto a su siempre marido Cuarxo. El pueblo descontaba que de sangre serían por lo menos nueve más entre quienes se distribuían las paternidades. Ronco, hermano de Cuarxo, en forma excepcional, respetaba y distinguía religiosa y familiarmente a Galena, una de las doncellas de Cantera, pero le embarazó a la hija Kalma. Así, la asumió como esposa formal durante algunos años. Luego, en nueva familia, Kalma procreó a Fraisa, Hoy esta es la madre de dos hijos de Ronco.
XVII
La primera vez que Enisa parió contaba sus dieciseis años. Durante los próximos 22 años llegó a parir de ocho padres distintos. Conserva viables sus ocho hijos de los cuales, los cuatro primeros han sido criados por los padres de Enisa, otros dos han pasado a residir en otros hogares con sus respectivos padres. Dos niñas han sido entregadas a matrimonios conocidos y Tommo, el último nacido, cuyo padre se perdió hace varios años durante un mal conocido incidente policíaco, ya cuenta catorce años, desarrolla un destacado activismo como usuario, mensajero y distribución de cualquier mercadería ilícita, fue sorprendido mientras jugaba a someter, contra su voluntad, a Reicito, de cuatro años, hijo menor de Virania, hija mayor de Enisa. Esta se ha indignado y denunciado a Tommo. Enisa se ha opuesto. Entre todos, por el momento, ha sido imposible hacer coincidir dos mismos pareceres sobre el incidente.
XVIII
Kreyton de 28 años y Telvis de 19 son padres de una infante. Durante las horas laborables y de estudios, Telva, de 36, madre de Telvis, mujer cristianamente muy arreglada cubre todos los servicios domésticos necesarios. Kreyton no terminó su carrera de Ingeniería de Redes, ejerce como vendedor de equipos y servicios informáticos, regularmente cuenta con tiempo para pasar por la casa, cumplir algunos asuntos domésticos apropiados y asistir a Telva en algunas diligencias relacionadas con sus obligaciones comerciales de digitación y corrección de estilo que sirve a estudiantes universitarios. Desde los tiempos de los dos últimos meses de embarazo de Telvis, aumentaron los encuentros más que casuales entre Telva y Kreyton, los que han seguido luego del parto. Telvis observó algunas señales que aunque les parecieron inaceptables, decidió volver del trabajo una mañana y confirmó lo francamente esperado.
XVIII
Tolico entraba en la pubertad, Rubilo le sobrepasaba en unos dos años. Eran vecinos contiguos. En los patios indivisos, entre arbolados de cafetos, naranjos, pomales y amplios yerbajos se criaban chivas, cerdos y hasta unos que otros vacunos, potros, hasta burros, propiedade de unos y otros vecinos. Tanto Rubilo como Tolico ya servían algunas obligaciones familiares sobre el cuidado de los animales. Rubilo sorprendió a Tolico aprovechando La Brincona, una cabrita que no sobrepasaba el año en edad. Lo rezongó de forma ruidosa y muy burlona, tanto que hasta los demás muchachos de los patios comunes nos enteramos de los amores. Al día siguiente cuando Tolico se acercaba con sigilo a completar la rutina de sus encuentros, observó que Rubilo se le adelantaba. Con malicioso sigilo regresó a los alrededores del hogar donde retozaban otros muchachos, los convocó a seguirlo, se acercaron a los matorrales hasta donde pudieron observar a Rubilo en pleno afán y los pantalones cortos descolgados. Amenazó con golpearlos a todos,eran menores que él. Ya era imposible, El desquite logrado fue tal que hoy, medio siglo más tarde, nadie que fuera entonces residente del patio lo ha olvidado a Brincona y Rubilo.
XIX
Corcho nunca se entusiasmó con asistir a la escuela, preferia poner sus atenciones en practicas de deportes corrientes como el beisbol y ocasionalmente el boxeo, sobre todo, le fascinaban las lidias de gallos así como entretenerse retozando con el perro grande de su casa del que solía acompañarse regularmente todo el día. En lo profundo del patio se hallaba amarrada una puerca criada para engorde que ya alcanzaba la edad de ser pesada como carne. Un berraco fugado de los patios vecinos que habría captado su condición de celos habría de dejarla preñada sin que nadie se enterara. Sin embargo, resultaba que durante un atardecer que la ahijada de la vecina dueña del animal llegaba para dejarle comida al mismo, se topó con que Corcho se hallaba montando la puerca. Este se espantó y lloroso le rogó a la muchacha que no contara nada y hasta le prometió algún regalo a cambio de su lealtad, Ella casi cumplió, solo se lo dejó a saber en confidencia a su propio pretendiente con el que ya andaba próximo al matrimonio, Este presionó a Corcho con exigencias económicas que Corcho, hijo de un importante colmadero, cumplió su parte a pesar de lo cual, las exigencias no cesaban, Corcho seguía drenando monedas del colmado, pronto fue descubierto por su hermano mayor que ya sospechaba de sus desacostumbrados acercamientos al negocio así como de sus notables gestos de tormento. No pudo retener la confidencialidad que tanto le costaba cuidar. Fueron avisados padre y madre. De cualquier modo se enteraron los demás hermanos y los vecinos. El novio de la ahijada fue llamado a reclamo por el padre de Corcho, Todo terminó en la afrenta de que la comunidad adujo que las evidencias apuntaban a que el padre putativo de los diez marranitos de los que nadie conocía que fuera otro, dadas las evidencias, serían obligadamente de Corcho.
XX
Largo era un joven de palabras mudas, rostro de gestos inexistentes, redondos ojos grandes, desorbitados, miedosos. Primero que cualquiera y que el día mismo bajaba a bañarse al charco menos frecuentado, tranquilo y mejor protegido por las colgantes frondas que tocaban las aguas del río. Justo al cruzarlo crecían los matorrales junto a los que bajaba a llevar a beber una lustrada pollina a esta además del baño diario, bien estregada con hojas de guajabo, cuidaba siempre con denodado esmero y solo utilizaba para bajar a bañarse al río. Rezaba la murmuración popular cierta sospecha sobre el rito casi religioso de Largo que se abría paso entre la neblina primero que el pleno amanecer. Los atrevimientos adolescentes de sus pares los conminó a una temprana mañanita. Adelantados se ocultaron a cuidada distancia encaramado entre los pomales, cumplieron la misión prevenida de malicia y curiosidad. Vieron la pareja de bien acostumbrados amantes .
XXI
Previo a cerrar el ciclo académico de su grado universitario como médico el joven Persetto pasó cumplir su pasantía en un poblado ubicado en las proximidades de la frontera geográfica, lugar donde la calidad profesional del médico es aun más respetada que lo reconocidamente normal cualquier otra ubicación social de nuestra geografía. El joven Persetto tuvo la ocasión de compartir una relación desconocida por la comunidad con la joven Frisa, hija de una muy bien reputada familia de la comarca. El breve romance resultó demasiado efímero ante el final de la ocasional estadía del pre-médico, quien ya finalizaba su compromiso académico. Frisa completó los trámites programados por sus padres para su anunciado matrimonio con su prometido quien le triplicaba la edad. Cuarenta años más tarde, El ya muy reconocido Dr. Persetto asistiió a realizar una operación regular en un banco comercial donde lo recibió de modo rutinario la gerente que al completarse la mutua presentación y obligadas cortesías observó que el nombre de su cliente coincidía con el de aquel que su madre le habría mencionado mientras atravesaba los últimos días de su lecho mortal. Frisa le hizo varias preguntas relacionadas con su carrera al Dr. Persetto, quien intrigado y sorprendido le expresó su inquietud. Frisa sólo atinó a confirmarle de manera simple, sin titubeos, gestos, ni reclamos: Usted es mi padre, Trémulo el Dr. solo pudo magullar: eres idéntica al vivo recuerdo que recuerdo de mi madre.
XXII
Tolico entraba en la pubertad, Rubilo le sobrepasaba en unos dos años. Eran vecinos contiguos. En los patios indivisos, entre arbolados de cafetos, naranjos, pomales y amplios yerbajos se criaban chivas, cerdos y hasta unos que otros vacunos, potros, hasta burros, propiedade de unos y otros vecinos. Tanto Rubilo como Tolico ya servían algunas obligaciones familiares sobre el cuidado de los animales. Rubilo sorprendió a Tolico aprovechando La Brincona, una cabrita que no sobrepasaba el año en edad. Lo rezongó de forma ruidosa y muy burlona, tanto que hasta los demás muchachos de los patios comunes nos enteramos de los amores. Al día siguiente cuando Tolico se acercaba con sigilo a completar la rutina de sus encuentros, observó que Rubilo se le adelantaba. Con malicioso sigilo regresó a los alrededores del hogar donde retozaban otros muchachos, los convocó a seguirlo, se acercaron a los matorrales hasta donde pudieron observar a Rubilo en pleno afán y los pantalones cortos descolgados. Amenazó con golpearlos a todos,eran menores que él. Ya era imposible, El desquite logrado fue tal que hoy, medio siglo más tarde, nadie que fuera entonces residente del patio lo ha olvidado a Brincona y Rubilo.
XXIII
Corcho nunca se entusiasmó con asistir a la escuela, preferia poner sus atenciones en practicas de deportes corrientes como el beisbol y ocasionalmente el boxeo, sobre todo, le fascinaban las lidias de gallos así como entretenerse retozando con el perro grande de su casa del que solía acompañarse regularmente todo el día. En lo profundo del patio se hallaba amarrada una puerca criada para engorde que ya alcanzaba la edad de ser pesada como carne. Un berraco fugado de los patios vecinos que habría captado su condición de celos habría de dejarla preñada sin que nadie se enterara. Sin embargo, resultaba que durante un atardecer que la ahijada de la vecina dueña del animal llegaba para dejarle comida al mismo, se topó con que Corcho se hallaba montando la puerca. Este se espantó y lloroso le rogó a la muchacha que no contara nada y hasta le prometió algún regalo a cambio de su lealtad, Ella casi cumplió, solo se lo dejó a saber en confidencia a su propio pretendiente con el que ya andaba próximo al matrimonio, Este presionó a Corcho con exigencias económicas que Corcho, hijo de un importante colmadero, cumplió su parte a pesar de lo cual, las exigencias no cesaban, Corcho seguía drenando monedas del colmado, pronto fue descubierto por su hermano mayor que ya sospechaba de sus desacostumbrados acercamientos al negocio así como de sus notables gestos de tormento. No pudo retener la confidencialidad que tanto le costaba cuidar. Fueron avisados padre y madre. De cualquier modo se enteraron los demás hermanos y los vecinos. El novio de la ahijada fue llamado a reclamo por el padre de Corcho, Todo terminó en la afrenta de que la comunidad adujo que las evidencias apuntaban a que el padre putativo de los diez marranitos de los que nadie conocía que fuera otro, dadas las evidencias, serían obligadamente de Corcho.
XXIV
Largo era un joven de mudas palabras, rostro de gestos inexistentes, mirada miedosa, redondos ojos grandes, miedosos. Primero que cualquiera y que el día mismo bajaba a bañarse al charco del río. Justo al cruzarlo crecían los matorrales junto a los que llevaba a beber una lustrada pollina a la que además del baño diario, bien estregada con hojas de guajabo, cuidaba siempre con denodado esmero y solo utilizaba para bajar a bañarse al río. Rezaba la murmuración popular cierta sospecha sobre el rito casi religioso de Largo que se abría paso entre la neblina primero que el pleno amanecer. Los atrevimientos adolescentes de sus pares los conminó a una temprana mañanita. Adelantados se ocultaron a cuidada distancia encaramado entre los pomales, cumplieron la misión prevenida de malicia y curiosidad. Vieron la pareja de bien acostumbrados amantes .
XXV
Catorce años cumplia Cancina cuando vio la luz su hijo Galil. Cuidadosamente cuidaron sus padres de ella y su cria. Ella cursaba ya estudios universitarios. El trauma dejado por el precoz embarazo y el abandono sufrido, la hizo muy precavida, no se le conocieron otros amores hasta el momento. Galil entró al Seminario Católico ubicado en una posesión de la iglesia, retirada de la comunidad. Cuando Galil visitaba su familia, mantenía aun la filial y amorosa costumbre de dormir junto a su madre. Galil la embarazó.
XXVIII
Corcho nunca se entusiasmó con asistir a la escuela, preferia poner sus atenciones en practicas de deportes corrientes como el beisbol y ocasionalmente el boxeo, sobre todo, le fascinaban las lidias de gallos así como entretenerse retozando con el perro grande de su casa del que solía acompañarse regularmente todo el día. En lo profundo del patio se hallaba amarrada una puerca criada para engorde que ya alcanzaba la edad de ser pesada como carne. Un berraco fugado de los patios vecinos que habría captado su condición de celos habría de dejarla preñada sin que nadie se enterara. Sin embargo, resultaba que durante un atardecer que la ahijada de la vecina dueña del animal llegaba para dejarle comida al mismo, se topó con que Corcho se hallaba montando la puerca. Este se espantó y lloroso le rogó a la muchacha que no contara nada y hasta le prometió algún regalo a cambio de su lealtad, Ella casi cumplió, solo se lo dejó a saber en confidencia a su propio pretendiente con el que ya andaba próximo al matrimonio, Este presionó a Corcho con exigencias económicas que Corcho, hijo de un importante colmadero, cumplió su parte a pesar de lo cual, las exigencias no cesaban, Corcho seguía drenando monedas del colmado, pronto fue descubierto por su hermano mayor que ya sospechaba de sus desacostumbrados acercamientos al negocio así como de sus notables gestos de tormento. No pudo retener la confidencialidad que tanto le costaba cuidar. Fueron avisados padre y madre. De cualquier modo se enteraron los demás hermanos y los vecinos. El novio de la ahijada fue llamado a reclamo por el padre de Corcho, Todo terminó en la afrenta de que la comunidad adujo que las evidencias apuntaban a que el padre putativo de los diez marranitos de los que nadie conocía que fuera otro, dadas las evidencias, serían obligadamente de Corcho.
XXIX
Largo era un joven de mudas palabras, rostro de gestos inexistentes, mirada miedosa, redondos ojos grandes, miedosos. Primero que cualquiera y que el día mismo bajaba a bañarse al charco del río. Justo al cruzarlo crecían los matorrales junto a los que llevaba a beber una lustrada pollina a la que además del baño diario, bien estregada con hojas de guajabo, cuidaba siempre con denodado esmero y solo utilizaba para bajar a bañarse al río. Rezaba la murmuración popular cierta sospecha sobre el rito casi religioso de Largo que se abría paso entre la neblina primero que el pleno amanecer. Los atrevimientos adolescentes de sus pares los conminó a una temprana mañanita. Adelantados se ocultaron a cuidada distancia encaramado entre los pomales, cumplieron la misión prevenida de malicia y curiosidad. Vieron la pareja de bien acostumbrados amantes .