viernes, 17 de agosto de 2012
ROMANZA DE UN VIAJE ATARDECIDO
Palabras escritas con el pensamiento tatuado en cada partícula del rojo de mi sangre
Cuentan y cantan los surcos tallados en la ruta inviolable de nuestras luces encendidas,
Desde el faro único de una meta inscrita en nuestras almas de emigrantes invencibles.
Navegaremos los confines del Universo guiados por esos rayos de eternidad
Vadeando tormentas durante las oscuras noches de un viaje a distancias sin números
Sin relojes, astrolabios ni sextantes, sólo irá una brújula orientada hacia al amor y la vida
Nos guiará con el índice de nuestras fantasías vivas en el alma de la juventud del otoño
Viajaremos encumbrados como pájaros migradores con los sellos puestos en las cartas del regreso
Nuestra será la piel mutua de nuestros abrigos contra los hielos y brisas desconocidos
Yo te serviré el aliento de mis respiros, mis brazos, la redondez de mis días canecidos
Tú me servirás el pan de tu sonrisa, la miel de tu voz, la ternura de tu fe sin condiciones
Armaremos de nuevo el futuro, construiremos los iglúes para el tiempo largo y sin luz
De la vida en la estepa agreste de los retos contra las nieves y montañas del desolado
Allí, siguiendo los desfases románticos de la luna enamorada, construiremos nuestra paz.
sábado, 28 de julio de 2012
LA SAL DE MIS DÍAS
Mi hija carga el peso de su mirada contra mis ausencias
No sintió mis manos durante sus noches alargadas por los asmas
Hiel de un amargo helado que aun destila por su garganta
Hierven en mi las cicatrices de sus memorias despiertas
Puedo sentir sus cortadas mortales, más profundo que el dolor
Las culpas del suicida sobrecargan la presión de esta caldera
Me infartan todos los sentidos, la tormenta rompe por mis ojos
Los gemidos sibilantes de una niña derramada en su ahogo
Torturan mis noches, silban los tímpanos, tintinean unas lágrimas
Contra la inflamación de sus amígdalas y el amargo de sábila
Ausente mi nombre, mi caricia, mi voz, mi mirada y mi aliento
Ausente el honor, el deber obligado, el calor de la mano que cura
Sólo Dios como Dios bendijo la pócima del sanador y sus palabras
Las oraciones infalibles rogadas por abuelos mandados del Cielo
Los más ricos de su amor, cubrieron las cuencas de mi lugar
El cielo entero abarca menos que lo agradecido a sus luces
Ella es mi sal, la amo hasta el morir con la fuerza de todos los todos.
No sintió mis manos durante sus noches alargadas por los asmas
Hiel de un amargo helado que aun destila por su garganta
Hierven en mi las cicatrices de sus memorias despiertas
Puedo sentir sus cortadas mortales, más profundo que el dolor
Las culpas del suicida sobrecargan la presión de esta caldera
Me infartan todos los sentidos, la tormenta rompe por mis ojos
Los gemidos sibilantes de una niña derramada en su ahogo
Torturan mis noches, silban los tímpanos, tintinean unas lágrimas
Contra la inflamación de sus amígdalas y el amargo de sábila
Ausente mi nombre, mi caricia, mi voz, mi mirada y mi aliento
Ausente el honor, el deber obligado, el calor de la mano que cura
Sólo Dios como Dios bendijo la pócima del sanador y sus palabras
Las oraciones infalibles rogadas por abuelos mandados del Cielo
Los más ricos de su amor, cubrieron las cuencas de mi lugar
El cielo entero abarca menos que lo agradecido a sus luces
Ella es mi sal, la amo hasta el morir con la fuerza de todos los todos.
jueves, 5 de julio de 2012
EL CRUCIFIJO SOBRE TU PECHO
Cae el crucifijo sobre tu pecho
Justo a la puerta del abismo que me desafía
Junto al piso de sus montañas
Momentum de la brutal explosión de mis sentidos
A la sombra de mis razones
Tormenta que late a punto de desatar sus amarras
De esas guirnaldas donde cuelgan atados
Déjame soñar que remonto sus picos
Como alpinista adolescente que se muerde los labios
Cuando el vapor que los envuelve me trae su calor
Llevando mis latidos a los limites del surmenage
Uvas gigantes que quieren estallar entre mis manos y mi boca
Para beberlas sin cortejos ni limitaciones
Hasta la insaciable saciedad de mis locuras..
Abril del 2002
jueves, 21 de junio de 2012
POEMA DE "LA MANUELA"
Llegué al bar de La Manuela
Invitado por Susana
Me recibió Ramón Saba
Dando muchísimas Muelas
A Grisanty: no se fuera
Cantaría junto a su hija
No pudo evitar la huida
Pues su hijo estaba de fiesta
Susana siempre está presta
A convocar la velada
Aunque muchas las baraja
Con un pase de muleta.
Era ambiente de primera
Niní Cafaro en camisa
Arremangada, sonreía
Tarareando "Primavera
Para el Mundo", "Una Quimera"
De Solano y "Por Amor"
"Por Caridad", varios temas
Comentábamos sus letras.
Cuánto glamour por doquiera
Manuela cantó primores
Con voz de divas mayores
Y un maestro de las cuerdas.
Llegó en un momento César
Zapata, el del buen decir
Validó su pedigrí
Gran orador del poema
Sol Lora volvió a la escena
Desenvainó su garganta
Llamando a ser escuchada
Luciéndose cual si fuera
Del poema única dueña
Aplausos, de todos brindis
Congratulamos su fin
Del Lunes de "La Manuela".
Ya propuse mi receta
Lleguen muchos payadores
Con letras de sus amores
Para que todos entiendan
Bajo tragos, como quiera
Sin diccionarios ni expertos
No vengan a traer textos
En lenguas muy extranjeras
La poesía de esta escuela
Tendrá sus propios concursos
Por aclamación del público
Serán premios " La Manuela"
Aquí nadie es de los meta
De ochenta, ni pendejá
Nuestra poesía es del bar
De "La Manuela" y su fiesta.
Invitado por Susana
Me recibió Ramón Saba
Dando muchísimas Muelas
A Grisanty: no se fuera
Cantaría junto a su hija
No pudo evitar la huida
Pues su hijo estaba de fiesta
Susana siempre está presta
A convocar la velada
Aunque muchas las baraja
Con un pase de muleta.
Era ambiente de primera
Niní Cafaro en camisa
Arremangada, sonreía
Tarareando "Primavera
Para el Mundo", "Una Quimera"
De Solano y "Por Amor"
"Por Caridad", varios temas
Comentábamos sus letras.
Cuánto glamour por doquiera
Manuela cantó primores
Con voz de divas mayores
Y un maestro de las cuerdas.
Llegó en un momento César
Zapata, el del buen decir
Validó su pedigrí
Gran orador del poema
Sol Lora volvió a la escena
Desenvainó su garganta
Llamando a ser escuchada
Luciéndose cual si fuera
Del poema única dueña
Aplausos, de todos brindis
Congratulamos su fin
Del Lunes de "La Manuela".
Ya propuse mi receta
Lleguen muchos payadores
Con letras de sus amores
Para que todos entiendan
Bajo tragos, como quiera
Sin diccionarios ni expertos
No vengan a traer textos
En lenguas muy extranjeras
La poesía de esta escuela
Tendrá sus propios concursos
Por aclamación del público
Serán premios " La Manuela"
Aquí nadie es de los meta
De ochenta, ni pendejá
Nuestra poesía es del bar
De "La Manuela" y su fiesta.
martes, 10 de abril de 2012
ALFORJAS MULATAS
Cargaba toda la gracia en sus alforjas
mulatas, pintadas de azabache mate, a contra luz mis ojos
Como rosas de un limonero en flor brillaban los blancos detrás de la carne de sus labios
Completos de color, excitados como uvas moradas repletas de hinchada madurez, derretían mis salivas
Rompían sus senos contra el valle de ternuras que los separaban la empinadura de sus parejos cerros
Violentamente erguidos como cañones de guerra emplazados para desafiar mis estremecidas voluntades
Mientras el redondo negro de sus ojos se oponía contra la porcelana blanca mojada de brillos
Sobre sus mejillas encendidas de pasiones adolescentes al estallar como la madrugada de sus pestañas
Escoltados por los halos completos de la virginidad de sus cabellos cual mantilla de dignidad
Vencidos mis instintos sucumbieron, un colapso de sentimientos indomables condujo mis manos
Sobre su pecho hirviente como la sangre de mis venas se encendió contra mi cuerpo en llamas
Nos fundimos en un beso robado convertido en verdad eterna que nunca olvidamos y nunca renunciamos
Otras miradas, otras noches, otras madrugadas, otros impedimentos, otros desafíos vencidos
Sus gracias, sudores, olores, bendecidos por Dios quedaron volviéronse tatuajes en mis recuerdos
De vuelta reconozco cada comisura de su risa, su olor, su gracia, la miel de sus sabores, su temblor
El amor se purificó como los vinos abandonados en sus soleras, más tiempo más su virtud. La amo.
Como rosas de un limonero en flor brillaban los blancos detrás de la carne de sus labios
Completos de color, excitados como uvas moradas repletas de hinchada madurez, derretían mis salivas
Rompían sus senos contra el valle de ternuras que los separaban la empinadura de sus parejos cerros
Violentamente erguidos como cañones de guerra emplazados para desafiar mis estremecidas voluntades
Mientras el redondo negro de sus ojos se oponía contra la porcelana blanca mojada de brillos
Sobre sus mejillas encendidas de pasiones adolescentes al estallar como la madrugada de sus pestañas
Escoltados por los halos completos de la virginidad de sus cabellos cual mantilla de dignidad
Vencidos mis instintos sucumbieron, un colapso de sentimientos indomables condujo mis manos
Sobre su pecho hirviente como la sangre de mis venas se encendió contra mi cuerpo en llamas
Nos fundimos en un beso robado convertido en verdad eterna que nunca olvidamos y nunca renunciamos
Otras miradas, otras noches, otras madrugadas, otros impedimentos, otros desafíos vencidos
Sus gracias, sudores, olores, bendecidos por Dios quedaron volviéronse tatuajes en mis recuerdos
De vuelta reconozco cada comisura de su risa, su olor, su gracia, la miel de sus sabores, su temblor
El amor se purificó como los vinos abandonados en sus soleras, más tiempo más su virtud. La amo.
viernes, 16 de marzo de 2012
HE VISTO AL TIEMPO Y AL SILENCIO CRECER
He visto crecer al tiempo y al silencio
He visto expandirse los espacios como nubes tormentosas
El silencio y el pensamiento ciegos buscaron extinguir de mi la memoria
El sabor de tu saliva ha tatuado mi alma,
El silencio y el pensamiento ciegos buscaron extinguir de mi la memoria
El sabor de tu saliva ha tatuado mi alma,
Mi amor, mi pasión, con la imagen y el tacto de tus senos
Llenando mis manos, saciando cada comisura de mis labios,
Llenando mis manos, saciando cada comisura de mis labios,
De mi lengua, de mi cielo bucal
Tersos como la uva madura que pretende estallar,
Tersos como la uva madura que pretende estallar,
Desafiantes como lanza que reta mi virtud
Desesperando mis ánimos, mis razones,
Desesperando mis ánimos, mis razones,
Contra la humedad de todo nuestro entorno corporal
Piel de azabache y terciopelo,
Piel de azabache y terciopelo,
Ardiente y estremecida como terremoto volcánico resuelto en
lavas
Descendientes monte abajo
Descendientes monte abajo
Por unas piernas convencidas por los tratos sensuales de mis
locuras
Convertidas en excitadas convulsiones indomables,
Convertidas en excitadas convulsiones indomables,
Contra tu vientre resuelto en espasmos interminables
Imposible despedirme de tus gracias,
Imposible despedirme de tus gracias,
Imposible dejar de amarte,
Iimposible evitar tu presencia eterna.
miércoles, 8 de febrero de 2012
MINAS DE LEJANÍAS
Una vez la conocí, era un tatuaje tallado sobre una lámina de caoba, cuidaba su
silencio, su discreción vigilaba los movimientos de las sombras, los sonidos de
las brisas, los hilos de mi voz.
A precios de joyas alguna soto sonrisa se escapaba a veces en un segundo de suficiencia, de poder, de belleza en sus líneas de mujer celebrante de los estrenos de su adolescencia.
Las urgencias de sus pasos iban poniendo distancias, las urgencias de mis pasos la perseguían por aceras, caminos y calles hasta los descansos de las estadías de la escuela.
Alguna vez la escuché pronunciar las palabras del ardor del rechazo, del fuego contrario, del oscuro sin esperas de lumbres tardías, eran los ecos de los sonidos opuestos a mis caminos.
La distancia no dejaban luces ni corrientes para tender los puentes, mis ruegos y fantasías no lograban sintonizar los tonos de sus oídos, captar las armonías de las vibraciones de sus feromonas ni la radiación de sus ojos.
Todos los espejos siguieron colocados ajenos y opuestos a las voluntades de mis imaginaciones, de mis sueños y complacencias, de mis alertas y pasiones, de los ardores de mis intimidades.
Las letras de mi nombre no hallaron espacios entre sus libros de la escuela, entre las rayas de corazones dibujados sobre las líneas de sus cuadernos, no acertaron a dibujarse en la gracia y las alas de las mariposas de pubertad.
Las palabras del poema de este bardo clamando entre versos y notas de guitarra, no fueron inscritas en sus pensamientos, en sus noches de desvelos, en sus murmullos musicalizados, ni en el tambor estallante de sus oídos cuando su primavera florecía.
Sólo húmedos humores de mis manos y toda mi piel, de mi boca y mis ojos, de los centros alados de mis hormonales deseos pronunciaban con semental desespero tu nombre, mientras buscaba escuchar el mío tras una de sus miradas, uno de sus gestos para acomodar un riso de sus cabellos, en el brillo de sus labios y de sus ojos.
Pasaron y volvieron tantas veces la estaciones, los potreros florecieron en los manteles de los campos de azúcar y cañas, fueron y volvieron tardes lluviosas, mojaron tantas veces sus cabellos, blusa, falda y cuadernos, yo no alcancé para probar en su cuello la mezclada de agua, sudor y lágrimas.
Una mañana de domingo llegué hasta el portal de su calle sin más sucesos que el adiós muerto y frío de los hielos de una palabra congelada. Otra muerte, otra herida, otra vez la sangre enrojecía el dolor de la batalla sin honores ni trofeos.
Otras estaciones, otros temporales, otras distancias multiplicaron la brecha profunda de los abismos insondables, de las oscuridades expandidas de la noche de mis esperanzas, doblegadas las rodillas del toro desbastado.
Repartidos los jirones de mi corrida, desvanecido el aliento, una noche de versos y vinos, de brillos y rayos musicales, brotaron mis alientos, retumbaron los tambores de la madrugada, el sol de mi mañana apareció entre mis sueños.
Rasgose la carne
detenida, brotaron las primaveras acumuladas y juntas todas las estaciones
de los años, destapáronse las curtiembres enmohecidas y se escribieron las
palabras de los amores sin final, los amores de las zafras preñadas, de los
pendones florecidos entre los jadeos de las brisas, los días encendidos del
amor invicto y sin final.A precios de joyas alguna soto sonrisa se escapaba a veces en un segundo de suficiencia, de poder, de belleza en sus líneas de mujer celebrante de los estrenos de su adolescencia.
Las urgencias de sus pasos iban poniendo distancias, las urgencias de mis pasos la perseguían por aceras, caminos y calles hasta los descansos de las estadías de la escuela.
Alguna vez la escuché pronunciar las palabras del ardor del rechazo, del fuego contrario, del oscuro sin esperas de lumbres tardías, eran los ecos de los sonidos opuestos a mis caminos.
La distancia no dejaban luces ni corrientes para tender los puentes, mis ruegos y fantasías no lograban sintonizar los tonos de sus oídos, captar las armonías de las vibraciones de sus feromonas ni la radiación de sus ojos.
Todos los espejos siguieron colocados ajenos y opuestos a las voluntades de mis imaginaciones, de mis sueños y complacencias, de mis alertas y pasiones, de los ardores de mis intimidades.
Las letras de mi nombre no hallaron espacios entre sus libros de la escuela, entre las rayas de corazones dibujados sobre las líneas de sus cuadernos, no acertaron a dibujarse en la gracia y las alas de las mariposas de pubertad.
Las palabras del poema de este bardo clamando entre versos y notas de guitarra, no fueron inscritas en sus pensamientos, en sus noches de desvelos, en sus murmullos musicalizados, ni en el tambor estallante de sus oídos cuando su primavera florecía.
Sólo húmedos humores de mis manos y toda mi piel, de mi boca y mis ojos, de los centros alados de mis hormonales deseos pronunciaban con semental desespero tu nombre, mientras buscaba escuchar el mío tras una de sus miradas, uno de sus gestos para acomodar un riso de sus cabellos, en el brillo de sus labios y de sus ojos.
Pasaron y volvieron tantas veces la estaciones, los potreros florecieron en los manteles de los campos de azúcar y cañas, fueron y volvieron tardes lluviosas, mojaron tantas veces sus cabellos, blusa, falda y cuadernos, yo no alcancé para probar en su cuello la mezclada de agua, sudor y lágrimas.
Una mañana de domingo llegué hasta el portal de su calle sin más sucesos que el adiós muerto y frío de los hielos de una palabra congelada. Otra muerte, otra herida, otra vez la sangre enrojecía el dolor de la batalla sin honores ni trofeos.
Otras estaciones, otros temporales, otras distancias multiplicaron la brecha profunda de los abismos insondables, de las oscuridades expandidas de la noche de mis esperanzas, doblegadas las rodillas del toro desbastado.
Repartidos los jirones de mi corrida, desvanecido el aliento, una noche de versos y vinos, de brillos y rayos musicales, brotaron mis alientos, retumbaron los tambores de la madrugada, el sol de mi mañana apareció entre mis sueños.
Tres botones abiertos culminaron el prado de nuestra siembra, tres trofeos servidos por el cielo mismo bajaron en calesa de triunfadores
decorados con los laureles de mis gritos de guerra, rendido a sus pies se impusieron a su vientre los arqueros divinos de mis razones y el amor.
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