No se esapante usted de ná
Déjese de pendejá
Bulto tó, ahí ná, e ná
O no lo sabe José
Quien es que paga el bembé?
Sabe Mármol de cultura
Quien esto escribe lo jura
Sabe que el homo se asienta
Donde se vende la venta
Y su comida le apura.
No se esapante usted de ná
Déjese de pendejá
Bulto tó, ahí ná, e ná
O no lo sabe José
Quien es que paga el bembé?
Sabe Mármol de cultura
Quien esto escribe lo jura
Sabe que el homo se asienta
Donde se vende la venta
Y su comida le apura.
EL CACHIMBO DE BARRO
Siempre fué cierto que mi madre regularmente conocía las repuestas para las preguntas que su hijo menor le hacía luego de que sus colegas de patio o sus hermanos mayores no lograban atender sus preguntas, sin embargo, a ella misma a veces se le complicaban las cosas, entonces acudía al recurso infalible: "pregúntale a tu papá", por cierto, ese si que lo sabía todo. Un día recurrí a su ayuda para preguntar por qué era necesario que al fabricar un cachimbo de barro que había logrado hacer con mis propias manos, tuviera que cocerlo al fuego antes de colocarle el palito hueco (siempre de almendra o de bija, siempre refugio de hormigas jibijoas). Lo primero que mi padre hizo, fué cuestionar que pensaba hacer yo con un cachimbo. Como era natural, le contestaría que "aprender a fumar". El asunto se extendió, mi madre cargó con el apuro de tener que explicarlo. Por suerte ella, lo mismo que mi padre, nunca fumó. Luego de las excusas y las advertencias, mi padre accedió explicarme como pudo, sobre las propiedades de los cuerpos que contienen agua, se endurecen, al evaporarse el agua, pero nunca se queman. Finalmente, lo que si quedó muy claro fué que en mi casa se podían hacer cachimbos de barro, pero nunca usarlos para fumar aun ni de juego. Esa lección quedó aprendida para saecula saeculorum.
Cierto, muy cierto es que, ningún indicio teórico, ni aun imaginativo, alcanza para que mi mente especule sobre el instante en el que se iniciaría respuesta que logre interpretarse como registro primigenio de señal alguna sobre la satisfacción neurológica de la existencia humana. Muy cierto es, sin embargo, que en algún momento los embriones animales comenzarían a percibir señales registrables y probablemente, marcadoras del futuro emocional y biológico en general del ser que en algún momento llegará a la luz.
Cierto es que, cuando menos a partir de ese momento oficialmente registrado, si que estamos claro de que se inician una serie de procesos trascendetales, entre los que se incluyen impresionantes momentos como el de la interpretación de fenómenos como el de la luz, que en unos días permitirán gozar los placeres de las novedades, otros como los del gusto por los alimentos, los sonidos agradables asociados con la respiración del pecho de la madre, los olores y el sabor de la leche materna, el placer de defecar, etc...
Así comienza, esa concatenación de placeres que, sin embargo, traen aparejados, algunos momentos propiamente interpretados como amenazas a esos placeres. Unos y otros sentimientos se van acomodando hsta la llegada de la pubertad, cuando se inicia la transición a una nueva explosión para la que se venía acomodando la biología general del cuerpo: la virtud de la reproducción.
Toda esa concatenación de efectos, ciertamente, comienza a zufrir, en la medida que los eslabones de la cadena avanzan, la amenaza de la extinción misma de la vida, contrastada con el feliz progreso iniciado a partir del nacimiento. Las amenazas crecen y crecen, el cuerpo biológico las percibe, las interpreta, las mide. Entonces la memoria comienza a reflexionar, es decir a retroceder hacia la memorización de los placeres dejados atrás.
Se avecina la catástrofe tan inevitble como el feliz acontecimiento de la llegada original. Así resulta que se retroalimentan las amenazas, todo parece comenzar a nublarse, así todo parece lucir peor, es decir, amenazante, catastrófico, se acerca la inevitable catástrofe del filnal. Todo nos lucirá peor que antes, en vez de olores primaverales, percibimos los fétidos bahos de la podredumbre, de la descomposición material, del acercamiento al fin.
Es así como durante los milenios de la vida cultural, todo luce derrumbarse, sin fe, sin esperanza ni motivaciones. Entoces es cuando comenzamos a percibir que "tiempos pasados fueron mejores". Mejores nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros hijos, mejor la leche que nos amamantó, los frescos de las tardes, nuestros maestros, nuestros amigos, nuetros charcos, nuestras peleas, nuetros patrones, nuestros dioses, nuestras frutas, etc....en fin hasta nuestros males fueron mejores.
Es el signo inevitable de la frustración, de la amenaza contra la existencia misma, el desplome de la astronómica comba celestial que nos aplsta con todo sus pesares. No obstante, los pensamientos humanos no se rinden como suicidas, la mas sana interpretación nos garantiza que no todo caerá en los abismos del infinito. El evolucionismo nos garantiza la nueva vida, la renovación total, la reversión hacia el nuevo nacimiento, hacia la perfección cíclica de la inevitabilidad del retorno a la divinización universal.
Cierto, ciertísimo es que la estrategia económica de cualquier sistema económico fundado en las reglas del liberalismo capitalista, es decir, en la acumulación de ventajas transables, acumuladas como capital, viene empaquetada en el sistema de ahorros y esfuerzos que dieron pasos al cultivo o cultura de nuestras evolución humana paso a paso reconocida en lenguaje latino como "civilización".
Como resultado harto útil para el dominio hegemónico de unos hombres sobre los otros, resultado de las competencias biologicistas a las que da lugar el paradigma del perfeccionamiento exigible por los mandatos divinales de la evolución, llegó la moneda, divino instrumento decantado y tamizado a través de siglos y siglos de ejercicios evolutivos.
Lo cierto, muy cierto, ciertísimo, es que de tantos ejercios funcionales en favor del proceso civilizador, llegó hasta nosotros, los civilizados o ciudadanizados dominicanos-haitianos, humanos que ocupamos los espacios correspondientes a la geográfica Isla de Santo Domingo.
Aquí estamos y somos unos 20 millones de seres sometidos o constituído en civilización económica, justificados, asimilados religiosamente a los beneficios de este sacrosanto proceso social, biológico, humanamente ajustado al paradigma social y económico del Capitalismo fundado en ese programa luminoso de acumulación de bienes acumulables y transables. que hoy por hoy funciona casi impecablemente como parte de esta etapa cronológica, antropológica, de la humanización y su evolución social como Economía de los Estados.
Fruto de ese proceso antropológico, histórico, que funciona con la casi asimilación y aceptación de toda nuestra moderna civilización, en la Isla de Santo Domingo o como la llamarían otros, Saint Domingue, funcionan dos Estados como parte del sistema civilizado como Capitalismo.
Uno de los dos estados, siguiendo las lógicas históricas de ese paradigma capitalista citado, beneficia materialmente, con ventajosa eficiencia económica, la mano de obra de los humanos socialmente, como colectivo histórico menos aventajados, como ha sido la historia de los pueblos del mundo, sus diferentes circunstancias sociales y demás detalles de la antropogenia social.
Esas ventajas, hoy constituyen el estímulo acumulador del poder transable que hace las delicias de unos sobre otros en la sociedad organizada dentro de este paradigma que nos favorece a los humanos que formamos parte de este conglomerado que nos hacemos llamar dominicanos, geográficamente, políticamente y socialmente, aventajadoas favorablemente a costa de los esfuerzos acumulados, transables, como capital material, económico, monetario.
Sin embargo, para mentirnos constantemente, solemos negarnos a nosotros mismos, esa verdad, legal, moral y aceptada como parte del paradigma internacional, casi divino, que bien nos justifica y nadie nos reclama. No obstante muchisimos intelectuales, pensadores, religiosos, moralistas, suelen inventarse hasta muros ideológicos pretendiendo negarse a sí mismos como si pretendieran suplantar las virtudes cuánticas del gato de Schrodinger, el famoso físico cuántico que habló de estar y no estar a la misma vez.
El proverbial fenómeno concebido por la imaginación genial que catapultó a la inortalidad al genial talento de la física de principios del siglo XX, trató, fundamentalmente, de un supuesto gato que pudo vivir o no vivir a la misma vez. Hoy, entre los pueblos dominicano y haitiano se da el fenómeno de que el sistema económico es sustentado en el aprovechamiento transable de la virtuosa mano de obra de la obrería servida por los esfuerzos acumulables, transables y convertibles en monedas corrientes del sistema capitalista.
Ocurre, sin embargo, que según la apreciación de un masivo número de dominicanos, dirigentes sociales, políticos, religiosos y militantes profesionales, ocurre que en realidad el sistema económico dominicano sustenta las necesidades vitales de la sociedad haitiana y es esta ,misma sociedad haitiana, la que en realidad consume los esfuerzos transables, acumulables, generados por el sistema económico dominicano, es decir, el sistema económico dominicano-haitiano se comporta como un fenómeno cuántico, comparable al sistema gato-veneno de la incertidumbre cuántica definido por el experimento del genial físico cuántico irlandés Erwin Schrodinger. El Capitalismo Invertido o Cuántico o Capitalismo Cuántico, es un fenómeno descubierto por la genialidad económica de los profesionales, políticos y sociologistas dominicanos.
Sin embargo, contrario al caso de las incerdumbre cuántica y el famosísimo gato del irlandés, que aunque sigue serpenteando entre algunas dudas, el fenómeno cuántico dominico-haitiano, parece haberse resuelto mediante cuentos de fronteras cerradas, deportaciones contadores geiger adulterados y mentiras inevitables que permiten la transfusión de esos esfuerzos transables, acumulables y beneficiables en rollos de divisas convertibles. Es como si se supiera que el gato está vivo de día pero muerto cuando guiñamos lo ojos o llega la noche.
Los sabios termodinámicos
Que al tiempo lo apuestan todo
Hoy no se yo de que modo
Han de resolver sus pánicos
Sin los misterios orgánicos
De la señora Entropía
Muerta, falta de energía
Sin tiempos para el trabajo
Está loco ese carajo
O es que le falta hentalpía ?
Tráiganme otros argumentos
Mas despacio, por favor
No me suban el rubor
Mis transistores son lentos
No aguantaan esos fermentos
De esa nueva biología
Con tanta filosofía
De dónde le sale a un tipo
Jugar solo, sin equipo ?
Cabezona esa porfía !
Que no existe el tiempo jura
Sería alguna decepción
Que sufrió en su religión
Dios endulce su amargura
Creo en Él, traigan al cura !
Que al "tiempo" lo han cancelado?
A Júpiter se han mudado
Freddy, Cuquín y Boruga
Luisito Martí ya va en fuga
De "Nueva Yol" a un condado
Señor Dios tu gran ejército
Sin Yin Pin o el Jen his Kan
Bin Laden desde este afán
Líbrennos de este pervérsito
Sigo en mi tiempo inmérsito !
Que al tiempo han dejado afuera ?
Ruso ni ucranio que fuera !
Terrorista o mercenario
Colombiano o tupamaro
Si el tiempo es todo en La Tierra!
Cierto, ciertísimo es que la capacidad material de la biología sigue imponiéndose como fuerza dominante por mandato imperturbable con respecto a las leyes esenciales de la evolución. El hombre, como ser dependiente, -por el momento, cuando menos-, de sus funciones vitales, sigue atado a imprescindibilidad de sus gen biológica: fsiología anatómica, urgencia reproductiva y sentido de supervivencia.
Estos factores trazados bajo el regimen del mandato evolucionista natural, material, le han disañado sus necesidades de poder, de dominio, de control sobre su entorno. Esa urgencia ha covertido su proceso civilizado en una serie de medidas lógica, inteligentes, tan sofisticadas como el uso del instrumento mental o ideológico que conocemos como "la moneda".
Todo proceso civilizado de control y dominio aplicado hoy sobre la sociedad humana, se hace valer de ese instrumento poderoso, esencialmente como representación de superioridad aceptada, consensuada, admitida. Los más poderosos núcleos de poder reconocido, así logran imponerse y deciden con capacidad arebatadora de los los unos poderosos con sometimiento de los otros sometidos.
Es así como los conglomerados de poderes conjuntos, logran imponer, con superación decisiva, valores derramados como tormentas de poder. Estados Unidos de América, el más poderoso controlador social reconocido en la historia de nuestra civilización moderna, ejerce con suma inteligencia y eficacia, ese control indiscutido, desde sus centros de influencia como Estado Mayor de la sociedad moderna.
Su presidencia sobre el control de la producción mundial de biene y servicios, llegó a tomar la deciva autoridad, de poner su orden, de modo casi exclusivo, sobre el valor de transacción o transabilidad de la moneda internacional, al tenor de sus garantías como guardián del valor transable de los valores generados por los demás estados del mundo.
Así que decidió poner precios a la más urgente matria prima demandada por la civilización contemporánea: la energía aprovechable desde las fuentes de petróleo, en nombre de sus poderes para garantizar las defensas de los estados e imponer sus decisiones como guardián de esas garantías ante todo el mundo conocido de nuestra civilización.
Hoy surgen atisbos de rebeldía contra esos controles y poderes, que lucen o se proponen someter a preguntas de difícil respuestas, ese orden de poderes únicos. Nos abocamos, al parecer de nuevas formas de pensamientos, a una revisión de conceptos, de controles ideológicamente cuestionadores. Sin embargo, como tratamos al inicio de nuestras observaciones, esos cambios pueden arrastrar demandas insatifechas, capaces de convulsionar la estabilidad existente en la sociedad cultural de nuestros tiempos.
Las competencias por las demandas de necesidades alimenticias, suplidoras de esos materiales ordenados por la evolución material, biológica, pudieran dar al traste con las urgencias primitivas del hombre, sus instintos y sus mandatos evolucionistas. La moneda es un instrumento terrenal, inventado por las necesidades biológicas, humanizado, capaz de acumular un poder de transacción cuasi divino. Dios tendrá la última palabra
.