martes, 17 de febrero de 2026
martes, 10 de febrero de 2026
sábado, 19 de julio de 2025
LA HSTORIA
LA HISTORIA
El analisis que termina en describir la historia como si fuera un cuento, tiene de divertido lo simpatico que resuta, pero carece de sustancia liberada si no aporta una solicion práctica, sabia, contundente. Es iportante, sin dudas, el aporte que se ofrece como historia, pero más real es ofrecer soluciones materiales que importen al sistema de soluciones como planteamiento del problema y su abordaje correctivo, efectivo. Espero que estos escritos bien sostenidos, bien fundados, terminen en soluciones planteadas materialmente, vetidas como fusión de aceradas vedades practicables. Por tanto, espero que los planteamientos descriptivos pasen a soluciones materiales auténticas. Esperamos.
viernes, 18 de julio de 2025
EL PLANETA TIERRA
El planeta Tierra tiende a convertirse en materia cada vez menos reactiva, más pasiva, más quieta, en la medida en que sus equilibrios químicos se hacen más patentes, más obvios, según las convenciones establecidas y, consecuentemente, calculadas. La fisicoquímica y las matemáticas pueden ayudar a elaborar respuestas creíbles, convincentes, materialmente elegantes, pero incapaces de explicar más allá de las teorías explicativas, donde abrevan los místicos y devotos creyentes que oran sinceramente, convencidos de sus verdades y teorías que —según pretendemos sentar— siguen sin explicación visible. Cada ser material, inorgánico u orgánico —que, según entendemos, igualmente interpreta la materia— es esta misma una sola. El planeta Tierra es tierra, barro, y en barro nos convertiremos.
MARTIZACIÓN
Aceptar que el destino de la Tierra podría ser similar al de otros planetas —Marte, por ejemplo— resulta francamente macabro. Nada de paraísos terrenales, arroyuelos frescos, ni muchachas por doquier. Sin embargo, objetivamente, fuera de las ofertas divinas, las probabilidades anuncian destinos finales muy parecidos a los de los demás planetas, o al menos de los llamados exoplanetas, que suelen referirse a mundos capaces de albergar, de algún modo, la vida animal tal como la acepta nuestra imaginación común.
Si asumimos como realidad el futuro previsible según la inteligencia humana estándar, nada augura un destino distinto de la "martización" o conversión del planeta en un yermo marciano. Quizá podamos encontrar alguna explicación más laxa, más cómoda y ajustada a nuestra imaginación poética colectiva —filosófica, metafísica o espiritual—, pero en términos geológicos, hasta donde alcanza el conocimiento actual, todo apunta en la dirección previamente expuesta. Independientemente de cuántas teorías místicas, filosóficas o científicas puedan concebirse —científicos, visionarios, teóricos, ángeles bíblicos, intenciones bienintencionadas, oraciones— podrán inquietarnos o no... pero la verdad, hasta donde se conoce hoy, apunta únicamente en ese sentido, hacia esa única dirección.
LA VERDAD Y LA REALIDAD
Separar la verdad de la realidad es una tendencia natural difícil de asimilar o explicar en la práctica de la posibilidad material. Es imposible variar la realidad cuando los hechos posibles no pueden ser cambiados. Sin embargo, la verdad es que los hechos, en física, no pueden ser modificados. Es decir, los hechos ocurren cumpliendo un principio termodinámico inequívoco y determinista.
Si usted cree en Dios, no tendrá dudas, pues es bien sabido que hemos sido formados bajo el convencimiento pleno de que Dios no comete errores ni necesita corregir ni cambiar nada, ya que todo está previsto desde el origen mismo.
Si, por el contrario, usted no es creyente y acepta la materia como inmodificable, es porque su razón de existir cumple la ley natural según la cual un hecho precede a otro, como efecto equivalente en medida al hecho que lo causa.
El determinismo parece absurdo, feo, instintivamente impracticable. Pero aritméticamente, resulta escandaloso.
jueves, 17 de julio de 2025
FISICA Y META-FÍSICA
En honor a la verdad, monda y lironda, la metafísica —o seudo-física, según quién la juzgue— se aplica a los fenómenos que no complacen convincentemente la percepción de los sentidos humanos naturales. A lo que solemos llamar “metafísico” o “fenómenos metafísicos” ha dado origen a esa disciplina que, en términos epistemológicos muy distinguidos, suele adoptar innumerables apelativos. Todos ellos, sin embargo, coinciden en un concepto básico: no se comprenden desde el punto de vista de los sentidos humanos.
La metafísica acoge prácticas como la ouija, la adivinación, la santería, la astrología, la quiromancia, entre otras. Esta sensibilidad ha alcanzado incluso a hombres de ciencia —recuérdese el caso de Wolfgang Pauli y Carl Jung—, así como a los rosacruces y masones. Miles de vagabundos, incluso del propio papado vaticano, han revelado conductas charlatanas, aunque otros han asumido con solemnidad sus inciertos.
Si bien es cierto que la ciencia obedece a una corriente materialista que rinde culto a una línea de acción determinista, esta ha sido adoptada por el ser humano como convicción ética, razonable y obediente, que rige en gran medida el pensamiento moderno. La metafísica, en cambio, permanece rezagada como un caso raro, penetrando únicamente como duda. No obstante, la absolutez de la verdad —física o metafísica— como los colores de la naturaleza, no es desechable.
Las verdades religiosas caben dentro de métodos no explorados, tan abundantes como potencialmente infinitos. Los religiosos del método científico podrían, igualmente, estar descubriendo que la química y la materia tienen otras formas.
EL DETERMINISMO
Separar la verdad de la realidad es una tendencia natural que ha sido dificil asimlar o explicar en la practica de la posibilidad material. Es imposible variar la realidad cuando los hechos posibles no pueden ser cambiados. Pero, la verdad es que los hechos, en fisica, no puden ser modificados. Es decir, los hechos ocurren cumpliendo un hecho termodinámico inequívoco, determnista. Si Ud. cree en Dios no tinene dudas, pues es bien sabido que hemos sido formados bajo el convencimiento pleno de que Dios no comete errores ni necesita corregir ni cambiar nada, puesto que todo está previsto desde el origen mismo. Si, por el contrario, es Ud. no creyente y acpta la materia como inmodificable porque su razón de existir cumple la ley natural de que un hecho precede un hecho en efecto, de medida equivalente al mismo efecto. El determinismo luce absurdo, feo, instintivamente impracticable. Pero arirmeticamente escandaloso.
ROSA DUARTE
ROSA DUARTE
Ni siquiera sabemos si lo que se dice que dice Rosa Duarte, lo dice ella misma. Los trinitarios, entre los que hubo de todo, digeron cualquier cosa que se les antojó decir, icluyendo juramentos inventados, afimaciones creativas, frases imaginadas, no fue el caso de los documentos que dejaron constancia, reiteraciones, etc.,.Da muchisma pena que algunos historiadores cuya credibilidad ha cedado entredicha hayan caido en esas trampas. Es una pena que la vida de Juan Pablo Duarte haya sido tan mal traida. Lamentablemente, él mismo no pudo ejercer como lo describimos. Tristemeente su salud no le permitió mucho. De hecho, su vida revolucinaria fue muy corta y mal enterada. Duarte soño mucho pero su vida al frente de la revolución fué muy escasa por más que lo querramos encumbrar. Juan Freddy Armando Amparo conoce eso, o debería conocerlo, igual que los historiadores, solo que nos gusta más exaltarnos a nosotros mismos.
EL DETERMINISMO
LA FILOSOFIA Y LA MATERIA
LAFilosofía como la materia entran ambas en un mar de incognitas e incertidumbres imposibles de definir más allá de las posibilidades de la inteligencia humana común.Quiemes nos aventuramos a tratar de dirimir frente a los dioses algunos de los millones de nudos icomprendidos que al parecer no son todavía objetos del etendimiento natural. Los estudiosos que profesan las virtudes propias de la inteligencia desarrollada y mejor culvidada como suele ocurrir con los estudiantes excepcionales, adelantan algunos pasos comprensibles pero las generaciones estadisticamente avanzan a pasos tan lentos que sus excepcionalidades apenas se hacen perceptibles. La religiosidad suele jugar un papel pobremente servido porque materia genética es muy sensble al reclamo material de las necesidades biológicas que reclaman las atenciones primarias. Las impronta cultvada sobre las urgencias del conocimiento claudican bajo la presión de las urgencias propias de naturaleza material de la biologia reproductiva que es sin dudas una prioridad insoslayable. La materia, lo mismo que sus razonables principios demandan un afán social que proteja y priorice el crecimiento la de la razon y la inteligencia humana. Esa es una realidad que solo se custivará a partr de la socialización total de la raza humana.
LA VERDAD SOBRE LA FISICA Y LA METAFISICA
En honor a la verdad, monda y lironda, la metafísica —o seudo-física, según quién la juzgue— se aplica a los fenómenos que no complacen convincentemente la percepción de los sentidos humanos naturales. A lo que solemos llamar “metafísico” o “fenómenos metafísicos” ha dado origen a esa disciplina que, en términos epistemológicos muy distinguidos, suele adoptar innumerables apelativos. Todos ellos, sin embargo, coinciden en un concepto básico: no se comprenden desde el punto de vista de los sentidos humanos.
La metafísica acoge prácticas como la ouija, la adivinación, la santería, la astrología, la quiromancia, entre otras. Esta sensibilidad ha alcanzado incluso a hombres de ciencia —recuérdese el caso de Wolfgang Pauli y Carl Jung—, así como a los rosacruces y masones. Miles de vagabundos, incluso del propio papado vaticano, han revelado conductas charlatanas, aunque otros han asumido con solemnidad sus inciertos.
Si bien es cierto que la ciencia obedece a una corriente materialista que rinde culto a una línea de acción determinista, esta ha sido adoptada por el ser humano como convicción ética, razonable y obediente, que rige en gran medida el pensamiento moderno. La metafísica, en cambio, permanece rezagada como un caso raro, penetrando únicamente como duda. No obstante, la absolutez de la verdad —física o metafísica— como los colores de la naturaleza, no es desechable.
Las verdades religiosas caben dentro de métodos no explorados, tan abundantes como potencialmente infinitos. Los religiosos del método científico podrían, igualmente, estar descubriendo que la química y la materia tienen otras formas.
miércoles, 16 de julio de 2025
CUENTOS Y NOVELAS
Los cuentos, al igual que las novelas, los poemas, etc., tratan de forma distintiva la realidad. Me divierte mucho jugar con el lenguaje, el arte poético, los relatos... pero he de estar consciente de que no es lo mismo el arte del relato, el ensayo científico, ni la ficción. Algunas mentes confunden la poesía o el relato bíblico artístico con la realidad. En esos casos, es insensato hablar con personas que, cerebralmente, han asimilado como verdades relatos fantasiosos como los relatos bíblicos milagrosos.
Sin embargo, existen personas con inteligencias razonadoras con las que es posible llevar a cabo una experiencia inteligente, sabia, capaz de entender cabalmente un relato bíblico racional. Son pocos, escasos, pero existen incluso entre los pentecostales—sectas imbuidas en las ciencias—capaces de aceptar la mayoría de las prácticas racionales. Suelen, no obstante, bloquearse ligeramente cuando se trata de ciertos momentos que justifican algunos de sus misterios. Son, en gran medida, más llevaderos, menos obtusos, más asimilables.
Algunos pentecostales—por lo general, mentirosos de corazón—cultivan con obsesión sus mentiras, sus milagros, sus obsesiones... aun convencidos de que mienten, con una actitud enfermiza, casi psiquiátrica. Esos casos no vale la pena tratarlos si no se busca asistencia profesional
martes, 15 de julio de 2025
ROSA DUARTE Y SUS ESCRITOS
Ni siquiera sabemos si lo que se dice que dijo Rosa Duarte lo escribió ella misma. Los trinitarios —entre quienes hubo de todo— dijeron cualquier cosa que se les antojó, incluyendo juramentos inventados, afirmaciones creativas, frases imaginadas. No fue el caso de los documentos que dejaron constancia y reiteraciones verificables.
Da muchísima pena que algunos historiadores, cuya credibilidad ha quedado en entredicho, hayan caído en esas trampas. Es lamentable que la vida de Juan Pablo Duarte haya sido tan mal interpretada. Desafortunadamente, él mismo no pudo ejercer como se suele describir. Tristemente, su salud no le permitió mucho. De hecho, su participación revolucionaria fue breve y mal comprendida. Duarte soñó intensamente, pero su vida al frente de la revolución fue muy escasa, por más que queramos exaltarla.
Juan Freddy Armando Amparo conoce esa realidad, o debería conocerla, al igual que los demás historiadores. Solo que, a veces, nos gusta más exaltarnos a nosotros mismos.
QUILVIO Y SUS RAZONES
No comprendo del todo la razón por la que Quilvio Vázquez se ha obsesionado con presentar a un Jesús de Galilea como figura histórica real, cuando las evidencias más rigurosas apuntan a que dicho personaje, al menos tal como lo describen los relatos tradicionales, nunca existió. Para los enfoques sociológicos más intelectualmente sólidos, este no es un problema de verdad histórica verificable, sino una creencia supersticiosa que hemos adoptado como mitología compartida. Nos inscribimos en ella con convicciones místicas, acaso porque no contamos con referentes más concretos.
Sin embargo, personas como Quilvio Vázquez, que asumen posturas militantes, logran convencerse a sí mismas de tales creencias al punto de integrarlas en su praxis intelectual, social y espiritual: oran, predican, debaten y viven con la certeza de que esas convicciones les pertenecen con una intensidad casi religiosa, aun cuando exponen sus propias creencias contra los dictados de sus propios nervios.
A Quilvio se le ha metido en la cabeza que Jesús de Galilea fue una realidad tangible, como se le mete el mal de ojo a cualquier crédulo de milagros. Escribe, polemiza, conversa, y según parece, ora convencido de que aquel Jesús fue un hombre de carne y hueso que existió, profetizó, resucitó y fue hijo de Dios, tal como nos lo enseñaron desde las escuelas confesionales.
Entiendo que él —Quilvio Vázquez— predique, escriba y fabrique historias como quien recrea mitos o canta y baila sus ficciones, pero no comprendo que adopte esa creencia como convicción personal, al estilo de predicadores judíos, pentecostales o musulmanes que hacen de tales relatos una profesión lucrativa. Y hasta donde tengo entendido, Quilvio no se presta a ese tipo de servidumbre.
domingo, 13 de julio de 2025
EL MARQUES DE LAPLACE
Puede ser incómodo, y personalmente un poco forzado, presumir de alguna forma de ateísmo espiritual mientras se admite que es imposible existir sin tener un origen definido. El filósofo dominicano Prof. Diógenes García ha asentado su carrera como ateísta convencido de un origen filosófico-materialista, no divino. Este camino ha sido discutido—en ocasiones, de manera poco elegante—porque con frecuencia, tanto los científicos académicos (físicos, químicos, astrónomos) como los religiosos (pentecostales, judíos, musulmanes, curas, etc.) dan muestras de intolerancias militantes.
Es difícil meter en la cabeza de un alma humana la idea de que algo puede no tener un origen definido, cuando el más reconocido científico que hizo vida profesional y mundial, como fue el caso del Conde Simón de Laplace, dejó a la posteridad el concepto bien establecido de que la consecuencia de un hecho real obedecía, necesariamente, a un hecho igualmente real. ¡Hasta Dios se paraliza ante una realidad tan contundente!
Pero el marques de Laplace quizás no meditó fríamente en la divinidad, porque era ateo. Ocurre, sin embargo, que el origen de las cosas últimas parece estar en Dios, y por tanto, ese privilegio de conocer el último resquicio estamos obligados a dejárselo al Señor. De modo que el Conde se “guayó” con todo y su título, como parece haberse “guayado” el Prof. Diógenes García.
Einstein se quedó con su dolor de cabeza, buscándole la posición a un electrón que ahora se supo que anduvo vagando por casa de Jacinto. No sé si logrará “acolumbrarse” con él. Es bien sabido que Simón y el Creador no se reúnen ni para saborear un café. Es duro aceptar que solo uno sabe dónde se guardan las llaves del único carro que hay en la casa, pero si Él es quien sabe, parece que habremos de preguntarle a Él... o hablar con el Prof. Diógenes
PIERRE SIMON DE LAPLACE
Puede ser incómodo, y personalmente un poco forzado, presumir de alguna forma de ateísmo espiritual mientras se admite que es imposible existir sin tener un origen definido. El filósofo dominicano Prof. Diógenes García ha asentado su carrera como ateísta convencido de un origen filosófico-materialista, no divino. Este camino ha sido discutido—en ocasiones, de manera poco elegante—porque con frecuencia, tanto los científicos académicos (físicos, químicos, astrónomos) como los religiosos (pentecostales, judíos, musulmanes, curas, etc.) dan muestras de intolerancias militantes.
Es difícil meter en la cabeza de un alma humana la idea de que algo puede no tener un origen definido, cuando el más reconocido científico que hizo vida profesional y mundial, como fue el caso del Conde Simón de Laplace, dejó a la posteridad el concepto bien establecido de que la consecuencia de un hecho real obedecía, necesariamente, a un hecho igualmente real. ¡Hasta Dios se paraliza ante una realidad tan contundente!
Pero el Conde de Laplace quizás no meditó fríamente en la divinidad, porque era ateo. Ocurre, sin embargo, que el origen de las cosas últimas parece estar en Dios, y por tanto, ese privilegio de conocer el último resquicio estamos obligados a dejárselo al Señor. De modo que el Conde se “guayó” con todo y su título, como parece haberse “guayado” el Prof. Diógenes García.
Einstein se quedó con su dolor de cabeza, buscándole la posición a un electrón que ahora se supo que anduvo vagando por casa de Jacinto. No sé si logrará “acolumbrarse” con él. Es bien sabido que Simón y el Creador no se reúnen ni para saborear un café. Es duro aceptar que solo uno sabe dónde se guardan las llaves del único carro que hay en la casa, pero si Él es quien sabe, parece que habremos de preguntarle a Él... o hablar con el Prof. Diógenes.
LAS CREENCIAS
Las creencias, según se establece en los diccionarios, son afirmaciones aceptadas por los creyentes, aun cuando sus fundamentos teóricos no se basan en evidencias verificables que merezcan credibilidad incuestionable. Aunque se asocian principalmente con las tradiciones religiosas, muchas creencias aparentan tal obviedad que terminamos aceptándolas sin cuestionarlas, cuando en realidad no son más que construcciones ilusorias.
Creer en milagros, ángeles, abducciones o reavivamientos puede parecer inaceptable desde una perspectiva racional. Sin embargo, lo paradójico es que incluso el método científico —al que solemos adherir casi religiosamente como si fuera una regla divina— incluye en su esencia la duda como principio rector. Este método posee una capacidad casi genética de revalidar sus hazañas, lo que lo convierte en una herramienta de credibilidad casi sagrada. No obstante, su mirada racional a menudo se muestra incapaz de responder ciertas preguntas espirituales incómodas, especialmente aquellas que desafían la correspondencia con lo material.
Existen incongruencias que nos enfrentan a incomodidades profundas, las mismas que incluso grandes maestros han reconocido como irresolubles, incluso minutos antes de su muerte. El método científico, consagrado por Descartes, fue interpretado por Karl Marx como un instrumento religioso y materialmente incuestionable. A pesar de ello, sus declaraciones en favor del campesinado y la clase obrera judía lo condujeron a defender ese mismo proletariado que tanto admiró, aun frente a sus críticas a los dogmas religiosos, que deseaba apartar para protegerlo.
Resulta irónico que muchos protestantes pentecostales sigan a Martín Lutero —verdugo del campesinado judío— influenciados por la propaganda anticatólica. Tal contradicción sugiere que, al menos simbólicamente, pentecostales y judíos deberían desayunar por separado.
LAS CREENCIAS
Las creencias, según se establece en los diccionarios, son afirmaciones aceptadas por los creyentes, aun cuando sus fundamentos teóricos no se basan en evidencias verificables que merezcan credibilidad incuestionable. Aunque se asocian principalmente con las tradiciones religiosas, muchas creencias aparentan tal obviedad que terminamos aceptándolas sin cuestionarlas, cuando en realidad no son más que construcciones ilusorias.
Creer en milagros, ángeles, abducciones o reavivamientos puede parecer inaceptable desde una perspectiva racional. Sin embargo, lo paradójico es que incluso el método científico —al que solemos adherir casi religiosamente como si fuera una regla divina— incluye en su esencia la duda como principio rector. Este método posee una capacidad casi genética de revalidar sus hazañas, lo que lo convierte en una herramienta de credibilidad casi sagrada. No obstante, su mirada racional a menudo se muestra incapaz de responder ciertas preguntas espirituales incómodas, especialmente aquellas que desafían la correspondencia con lo material.
Existen incongruencias que nos enfrentan a incomodidades profundas, las mismas que incluso grandes maestros han reconocido como irresolubles, incluso minutos antes de su muerte. El método científico, consagrado por Descartes, fue interpretado por Karl Marx como un instrumento religioso y materialmente incuestionable. A pesar de ello, sus declaraciones en favor del campesinado y la clase obrera judía lo condujeron a defender ese mismo proletariado que tanto admiró, aun frente a sus críticas a los dogmas religiosos, que deseaba apartar para protegerlo.
Resulta irónico que muchos protestantes pentecostales sigan a Martín Lutero —verdugo del campesinado judío— influenciados por la propaganda anticatólica. Tal contradicción sugiere que, al menos simbólicamente, pentecostales y judíos deberían desayunar por separado.
MARTIN LUTERO Y EL CAMPESINADO EUROPEO
Martín Lutero legó al campesinado europeo —constituido en gran medida por comunidades judías— su carácter de obreros marginalizados, ubicados en la base de la pirámide socioeconómica. Al negar el cristianismo imperial, que respaldaba un Estado represivo contra los judíos, muchos de estos grupos mantuvieron distancia de dicha fe.
Sin embargo, Lutero organizó una feroz represión que culminó en la muerte de aproximadamente cincuenta mil judíos. Los calificó como "cerdos", los acusó de ladrones, criminales, bandidos, terroristas, entre otros términos que deshumanizaban su existencia. Las luchas contrarias a la jerarquía católica condujeron a diversos fraccionamientos religiosos, permitiendo el surgimiento de nuevas configuraciones patrimoniales dentro del espectro espiritual. Estas nuevas acepciones ofrecieron a los seguidores de Lutero herramientas doctrinales para confrontar las compulsiones económicas, las indulgencias papales y la oscuridad social que envolvía a Europa.
Mediante cientos de cartas y astutos acuerdos económicos con el imperio, Lutero supo extraer ventajas políticas en medio de la demagogia materialista, el conflicto burgués y la proliferación de sectas emergentes. Se convirtió en un maestro de la exégesis bíblica y en el arquitecto de nuevas teorías teológicas que resultaban convincentes y fáciles de asimilar para una población ansiosa de transformación.
De disidente sectario, Lutero pasó a ser líder de una protesta masiva contra la Iglesia Católica, impulsada especialmente por su crítica radical a la venta de indulgencias. Estas denuncias, aunque en principio religiosas, terminaron reforzando una represión brutal —mediática, política y física— contra las manifestaciones del campesinado judío.